destrucción y construcción, pensar y actuar, praxis anarquista

Una más de las formas por las cuales podemos hacerle frente al poder hegemónico, es pensar. Somos adoctrinados en un sistema desforme, por ende, nuestros pensamientos y acciones son desformes, el caos es el capitalismo, es la producción de seres humanos sin raciocinio. ¿Pero que pasa cuando nuestra praxis refractaria cuestiona a Dios, el estado, la educación y el “orden” imperante?


Buscamos un orden, una armonía, y el anarquismo se nos plantea como un camino posible, no como el final divino e iluminado. Creemos en la crítica como arma destructiva, pero también en el compromiso de la construcción de un mundo más justo. No creemos en las representaciones viciosas y parasitarias, creemos en nuestra propia autodeterminación. Pero para esto debemos tener un trabajo intelectual, mental y físico. El anarquista no nace con esta condición, es su análisis social, su contacto con el medio y los demás individuos, que decide tomar este compromiso de lucha.


Nos adueñamos sin contemplación del pensar como acción, para construir con nuestras manos una nueva sociedad, no sobre esta pudrición, sino destruyendo lo existente. No escribimos leyes a seguir, pasos para revolucionar, solo presentamos con claridad y elocuencia opiniones personales, mensajes de solidaridad, amor y rebeldía.

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